"Es un honor, una alegría. Volver a Tucumán significa reencontrarme con mis amigos y cantar con ellos es un placer. Pero volver a Tucumán también es volver al lugar donde debuté en el rol Rigolleto. Después ya lo asumí en el teatro Colón, entre otros, pero el primero es y será siempre tucumano", dice sonriente Enrique Gibert Mella, barítono. Y si uno entrecierra los ojos quizás puede llegar a "ver" al bufón. Hay solo un ratito para charlar con él, en el descanso del ensayo. Mientras esperamos a la fotógrafa toma rápidamente su café (siente un poco de frío) y vuelve al tema de los amigos.

"Mi relación con Tucumán, con el maestro Ricardo Sbrocco (flamante director de la Orquesta Sinfónica de la UNT), con los cantantes... es muy importante. Y la paso muy bien aquí -destacó-. Vamos a presentar una gala lírica. En septiembre se cumplen 35 años de la partida de María Callas, una de las sopranos más grandes de la historia. Le ofreceremos al público fragmentos de óperas que ella alguna vez cantó".

El programa
La gala, que será la última presentación de la orquesta en el marco del Julio Cultural de la UNT, se realizará en el Alberdi. Reúne, junto a Gibert Mella, a destacados cantantes tucumanos: las sopranos Valeria Albarracín y Cynthia del Carril, los tenores Daniel Arrieta y Ramón Poliche y el bajo Marcelo Oppedisano, de los cuales el visitante está muy orgullosos. "Es altísimo el nivel de los cantantes tucumanos; están entre los mejores de la Argentina", afirma rotundamente.

Una solista colectiva
La orquesta Sinfónica de la UNT no solo acompañará a los cantantes, sino que también tendrá su participación solista en la ejecución de intermezzos y preludios. Durante el concierto podrán escucharse fragmentos de "Carmen", de Georges Bizet; de "El barbero de Sevilla", de Gioachino Rossini; de "La Bohéme" y "Tosca", de Giacomo Puccini; de "Cavalleria Rusticana", de Pietro Mascagni; de "Rigoletto", de Giuseppe Verdi; y de "I Puritani", de Vicenzo Bellini.

Los orígenes
El bar donde también los músicos y el director de la orquesta pasaban el "recreo" se va vaciando de a poco. Gibert Mella se queda un ratito más; acepta contar el principio de su historia.

"De chico me gustaba cantar; amaba el folclore. Bueno, ¡me sigue encantando! La lírica ni me pasaba por la cabeza, pero mucha gente me decía que tenía talento. Así que un buen día decidí que quería 'aprender', y fui mejorando la técnica hasta que ingresé al Instituto Superior de Canto del Teatro Colón, en Buenos Aires. Ya no hubo vuelta atrás. La lírica se apoderó de mí y no me soltó más, pero reconozco que la ópera no es un género fácil de disfrutar. A veces tiene mucho de circo, cuando se hace hincapié en la puesta; y una puesta sin buenos cantantes es una caja vacía", reflexiona.

El café terminó y el descanso también. La fotógrafa espera en el teatro. Los músicos afinan los instrumentos y van ocupando sus lugares. El ensayo ha recomenzado. Él, sigilosamente, sigue las instrucciones: se para de espaldas al escenario, sonríe y ¡flash!